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Migrant Motherhood: Together on the Journey

  • Foto del escritor: infolatincolors
    infolatincolors
  • 30 jun
  • 2 min de lectura

By Mónica Caballero


Being a mother far from family, especially in the United States, is an experience many women live through in silence. Behind every smile, there is effort, long days, and nights when all we wish for is to have someone close who reminds us that everything will be okay. We take on multiple roles: mothers, entrepreneurs, workers, students, dreamers… and in that constant giving, we often forget about ourselves.



We grew up believing that love means giving everything without expecting anything in return. However, there is a truth that is rarely said out loud: we cannot give from an empty place. When we don’t take care of ourselves or find space to recharge, exhaustion comes—and it also affects those we love the most.


Motherhood under these circumstances can feel lonely, but it isn’t. There are many of us walking similar paths, facing the same challenges and carrying the same determination to move forward. Perhaps what’s missing is creating more space to talk about it, to normalize it, and to support one another.


And starting can be simpler than it seems: a short walk, a coffee with a friend, a few quiet moments with a book, writing down what we feel, disconnecting from our phones, or simply giving ourselves permission to rest without guilt. These are small acts of self-love that, little by little, begin to fill our “cup” again.


Maternidad migrante: juntas en el camino


Por Mónica Caballero


Ser mamá lejos de la familia, especialmente en Estados Unidos, es una experiencia que muchas mujeres vivimos en silencio. Detrás de cada sonrisa hay esfuerzo, jornadas largas y noches en las que lo único que quisiéramos es tener a alguien cerca que nos recuerde que todo estará bien. Asumimos múltiples roles: madres, emprendedoras, trabajadoras, estudiantes, soñadoras… y en ese constante dar, muchas veces nos olvidamos de nosotras mismas.


Crecimos creyendo que el amor significa entregarlo todo sin esperar nada a cambio. Sin embargo, hay una verdad que pocas veces se dice en voz alta: no podemos dar desde el vacío. Cuando no nos cuidamos ni encontramos espacios para recargar energía, el desgaste llega y también impacta a quienes más amamos.


La maternidad en estas circunstancias puede sentirse solitaria, pero no lo es. Somos muchas transitando caminos similares, con los mismos retos y la misma fuerza para seguir adelante. Quizás lo que falta es abrir más espacios para hablarlo, normalizarlo y apoyarnos entre nosotras.


Y empezar puede ser más simple de lo que parece: una caminata breve, un café con una amiga, unos minutos de silencio con un libro, escribir lo que sentimos, desconectarnos del celular o darnos permiso para descansar sin culpa. Son pequeños actos de amor propio que, poco a poco, vuelven a llenar nuestra “taza”.


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